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Autor Tema: crónica curso iniciación alta montaña estival 2017  (Leído 343 veces)

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empujatrenes

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crónica curso iniciación alta montaña estival 2017
« en: 20 de Agosto de 2017, 04:19:46 pm »
Tuvimos una clase teórica. Lorenzo, nuestro monitor, nos explicó en qué iba a consistir el curso, el objetivo principal, los contenidos básicos y el material que nos teníamos que llevar. Entre cuerdas, arnés, casco, maillón, comida, funda de vivac, ropa de abrigo, saco, hornillo, agua, etc., etc., etc.…. me di cuenta que sería un milagro si entraba todo en la mochila.
Tuvimos que cancelar la fecha inicial prevista del curso, debido a las malas previsiones meteorológicas, pero por fin el viernes 30 de junio, a las 18:00  horas quedada oficial, en el CPS, para comenzar el curso de iniciación a la alta montaña estival. Las previsiones meteorológicas tampoco eran buenas para el fin de semana pues había previsión de lluvias para el sábado a partir de las 14:00 horas, pero Lorenzo llevaba varios planes, para poder aprovechar el tiempo.
La idea inicial era ir dirección San Juan de Plan, llegar al refugio de Biadós y allí comenzar. Un viaje de más de dos horas, más bien cerca de tres, daba tiempo para sonsacar planes.  Entre risas y nervios, por las sorpresas del fin de semana, nos fuimos conociendo todos un poquito más.
En el coche íbamos Lorenzo, Alex, Alicia y una servidora. El sábado tenía previsto unirse a nosotros Clara, a quien esperaríamos en el refugio de Tabernés. Lorenzo le facilitó las coordenadas para que Clara pudiera llegar al refugio sin problemas.
Una "paradica" en  Ainsa para tomar un café antes de dejar la civilización y media hora después tomamos dirección refugio de Biadós por una pista estrecha. Llegamos ya de noche a nuestro punto de partida. Allí, nos calzamos las botas, nos abrigamos y sacamos nuestras brújulas nuestros mapas y nos pusimos en marcha para localizar el refugio de Tabernas. De día es fácil porque se ven las señales y los mojones, pero de noche la cosa se complica un poquito más. Alex fue el primero en poner en práctica sus conocimientos. No le fue difícil encontrar el sendero que nos llevaba hacia el refugio. Una "subidica" pronunciada hacía que algunos fuéramos despacio pero seguros en la noche. Se hacía ya tarde y decidimos buscar un lugar para poder hacer nuestro primer vivac. Encontramos un sitio llano, debajo de pinos y más o menos seco (eso fue algo difícil) ya que había estado lloviendo los días de antes. Cenamos un poquito, algo ligero, y enseguida nos preparamos nuestro vivac. Las fotos oportunas no faltaron, teníamos que inmortalizar nuestro primer vivac. 00:40 cuando miré el reloj. Era una noche fría y sin ninguna estrella en el cielo, había muchas probabilidades de que lloviera, así que nuestro hotel de un millón de estrellas se convirtió en cerrar bien, bien, bien… la funda de vivac.



6:30 a.m. Hora a la que sonó el despertador con ganas de levantarnos y de contar nuestras sensaciones. Todos estábamos súper sorprendidos de la muy buena experiencia, aunque no hubiéramos visto las estrellas, y nos contábamos unos a otros los sonidos de la noche: hubo algún animal que reclamaba su territorio ocupado. Desayunamos algo caliente, para entrar en calor, ya que la mañana era muy fría. Recogimos todo y empezamos la marcha hacía el refugio de Tabernas. En esta ocasión me tocó guiar a mis compañeros, fue fácil esta vez ya que se veían los mojones y las sendas que indicaban el camino. Poco tiempo después llegamos al refugio, allí la gente que había pasado la noche, empezaba a despertase, cogimos sitio para pasar la siguiente noche y Lorenzo nos dejó tiempo para organizarnos y ponernos ropa de abrigo, ya que seguidamente nos pondríamos con el mundo de los nudos.
Sacamos nuestras cuerdas y mosquetones. Cómo hacer con una cinta plana tubular un arnés, hacer nuestro cabo de vida, nudo dinámico, nudo machar, ocho, nudo de fuga, ocho doble, siete y medio, nudo pescador, cómo preparar la instalación para rapelar... Seguimos mirando al cielo y parece que aguantaba así que continuamos con las prácticas: rapelar y aplicar los diferentes tipos de frenada, con el nudo fuga o con el machar, bajamos con una cuerda, con dos, utilizando el reverso. Una vez hechas todas las prácticas posibles durante toda la mañana, tocó recoger las cuerdas de 30 metros, también es recomendable saber cómo recogerlas para no morir en el intento de quedarte enredada entre ellas.



Nos vino justo para recoger todo ya que seguidamente empezó a llover. Comimos algo calentito y enseguida llegó Clara empapada. Le dejamos tiempo para que se cambiara y comenzamos las clases de orientación, manejo de brújula y lectura de mapas, también a dar e interpretar coordenadas latitud, longitud, etc. Seguía lloviendo, así que estuvimos toda la tarde en el refugio sin poder salir a hacer prácticas, pero lo aprovechamos con clases teóricas e ir conociéndonos un poco más.
Cenamos temprano, aun viendo que era de día. Como había poco que hacer decidimos dormir y madrugar al día siguiente para aprovechar el día ya que las previsiones meteorológicas iban a ser buenas, y sobre las 21:30 estábamos ya todos metidos en los sacos. Esta vez algo más calentitos que el día anterior, algunos incluso hasta demasiado. A otros nos preocupaba no pasar frío por la noche. Nos fuimos a dormir nosotros cinco y siete personas más, aquello se convirtió en una noche con banda sonora en varios tonos graves y agudos.
Llegó pronto el día. 6:00 de la mañana y la gente empezaba a despertar. Salía el sol y ni una nube del día anterior. Desayunamos y nos pusimos en marcha enseguida para aprovechar el día dirección a los ibones de Bachimala. Esta vez la idea de Lorenzo era que nosotros, uno a uno, fuéramos guiando con el mapa, la brújula y la ayuda de los mojones del camino para poner en práctica lo aprendido del día anterior.
Antes teníamos que buscar un lugar poco visible para dejar las pertenencias que no fuéramos a utilizar, y de esta manera evitar peso innecesario. Encontramos enseguida un bosque y entre matorrales camuflamos todo, cogimos referencias del bosque para que a la vuelta pudiéramos localizar el depósito. En marcha de nuevo fue Alicia a quien le tocó dirigir al grupo hasta la siguiente bifurcación. El paisaje era digno de admirar y se apreciaba que era poco transitado. El camino era sencillo y agradable de andar. Al llegar a la primera bifurcación llegó mi turno de guiar, en subida, que no es mi fuerte, así que sintiéndolo mucho por mis compañeros llevamos mi paso durante un "ratico" y entre guiarme con el mapa y la orientación con la brújula, se me hizo a mí más largo que a mis compañeros, ya que hubo un tramo que perdí la orientación y tomé la decisión de llegar hasta otro punto y a partir de ahí continuar. Evidentemente la decisión no fue la más acertada y tuvimos que retroceder un pelín, pero puedo decir a mi favor, que en compensación a esa mala decisión, pudimos ver una serpiente que acababa de mudar y un poquito más adelante encontramos unas flores que ninguno de los que estábamos habíamos visto en el Pirineo, parecían algodón, muy curiosas. Así que ahí pude ganar unos puntos positivos para compensar el haber hecho andar de más al resto del grupo.




 
Continuó Clara a guiarnos. La cosa se iba complicando. A medida que íbamos ganando altura, la senda se iba convirtiendo en un camino pedregoso y más complicado. Pero todos muy a gusto. A medida que subíamos íbamos encontrando neveros e hicimos alguna práctica de como pisar en nieve, colocar los bastones. Subíamos cada vez más y el viento arriba era cada vez más intenso.



Llegamos al primer ibón de Bachimala donde en un pequeño vivac de piedras que otros montañeros habían hecho pudimos resguardarnos del aire para poder comer un poco. En ese momento recibimos la visita de unas cabras que buscaban comida fácil.
Pasamos poco rato y decidimos subir al siguiente ibón que estaba un poquito más arriba. Rodeados del pico Puerto de la Pez a 3.024 metros de altitud y del pico Bachimala a 3.139 metros decidimos bajar enseguida ya que el fuerte viento nos hizo hasta difícil el poder hacernos una foto de grupo.



Para bajar fue Alex, a quien le tocó guiarnos, pero antes de llegar Lorenzo nos tenía preparada una de sus sorpresa. A mitad de camino, en medio de la nada localizó una roca vertical mojada por agua que manaba y nos preparó un rapel. Primero le tuvimos que asegurar nosotros a él, de eso se encargó Alex. Lorenzo subió e hizo la instalación y después uno a uno fuimos subiendo, asegurándonos cada uno con un compañero. Subir por roca mojada fue tarea complicada, pero todos subimos con éxito. Una vez arriba cinco personas en casi un metro cuadrado y todos asegurados a un pequeño árbol empezamos a rapelar. Primero Alex, que bajó muy bien y rápido; después yo, que disfruté bajando; la siguiente fue Alicia y después Clara para las que era su primera vez. Estaban eufóricas y les gustó mucho la experiencia. En ese momento sentí que era una privilegiada por las vistas que teníamos y por las sensaciones que estábamos teniendo todos y compartíamos juntos.



Recogimos el material, ya todos unos expertos en recoger cuerdas y organizar el material. Comimos un poquito y continuamos bajando, ya que se nos había hecho algo tarde. La bajada fue rápida y cuando digo rápida... es rápida. Creo que sudé más bajando que subiendo. La velocidad a la que nos llevaba Lorenzo fue bastante curiosa. Nadie hablaba bajando, todos concentrados en cómo pisar y dónde pisar, ya una vez en el bosque nos fuimos directos a buscar las pertenecías camufladas. Nos reorganizamos de nuevo las mochilas y nos dirigimos hacia los coches. Ya en la civilización, en San Juan de Plan, pudimos tomar un refresco y para algunos un magnífico pincho de tortilla que les supo a gloria bendita, según dijeron.
Este fin de semana de aprendizaje para algunos, de reto personal para otros y de algo de supervivencia para todos, nos ha enseñado cosas y todos hemos aprendido que cuando nos encargan de llevar cuerdas nunca hay que olvidarlas porque después hay que regresar a buscarlas. Siempre es recomendable meterse en el saco con la ropa seca, para que de esta manera podamos evitar pasar frío por la noche, es malo tanto meterse con mucha ropa como con poca, no hay que olvidar cómo preparar la mochila, qué es imprescindible y qué no. Y por último y casi diría yo, que lo más importante, tapones para los oídos para evitar ruidos nocturnos.
A parte de todo esto, puedo decir, por mi parte, que ha sido un fin de semana maravilloso, donde he conocido a gente estupenda y hemos compartido muchas cosas. Gracias chicos. Hasta la próxima.
Ainhoa Martínez
Sección Alta Montaña
Club de Montaña Pirineos de Zaragoza