Crónica: «La lluvia amarilla»
Crónica de la última excursión de Caminar Consciente «La lluvia amarilla»

En nuestro camino no nos acompañó la lluvia amarilla, así como tampoco la soledad y la tristeza. A pesar de haber sido atraídos por ella hasta esta zona, hicimos un pacto antes de comenzar: aquí hemos venido a disfrutar. Las hojas, ya verdes y rebosantes de vida, fueron nuestra sombra. Mitigaron el calor y se convirtieron en nuestro refugio para charlar, parar y disfrutar del camino desde Oliván hasta Ainelle. A nuestra llegada, el pueblo recobró la vida durante unas horas. Volvieron las voces, las risas y las conversaciones profundas, como Andrés hacía con sus vecinos antes de convertirse en el último habitante. Ahora me pregunto: ¿se hubiera alegrado de nuestra llegada o nos hubiera sacado la escopeta? A diferencia del protagonista del libro, nosotros apreciamos ese silencio y lo aprovechamos para meditar. Un silencio que no estaba vacío. Nos visitaron un cielo repleto de estrellas, el sonido de los cencerros de las vacas, el incesante golpear de un pájaro carpintero y la tímida aparición de algún corzo. La naturaleza fue llenando el pueblo de una vida distinta. A la mañana siguiente recogimos nuestras mochilas. Dejamos atrás Ainelle tal y como lo habíamos encontrado: en silencio. Nosotros, en cambio, regresamos al ruido de nuestra realidad, con la sensación de que, durante una noche, el pueblo había vuelto a respirar.
(Celia Lasmarias).











