Crónica Curso Progresión en Crestas, 12 y 13 de septiembre 2026

Cuando sales con una de las personas más inseguras del mundo y vas a hacer un curso de alta montaña, en este caso de progresión en crestas, la crónica no puede empezar el día en que comienza el curso. En nuestro caso, esta historia empieza bastante antes: en el momento en que nos comunican que hemos sido «seleccionados» para poder realizarlo.
Y, como era de esperar, a partir de ese momento empiezan a surgir las dudas: ¿Estaremos en forma? ¿Podremos seguir el ritmo? ¿Qué material tendremos que llevar? ¿Tendremos todo lo necesario? ¿Y si llegamos allí y somos los dos paquetes del grupo?
Después de un verano más parados de lo que nos habría gustado, ambos somos padre/madre divorciados y este año las vacaciones nos han tocado con nuestros respectivos hijos/as y no habíamos podido hacer muchas de las cosas que teníamos planeadas. Así que, casi por obligación, tocaba ponerse las pilas.


Desde el momento en que nos dan el OK, ponemos la maquinaria en marcha para intentar llegar al inicio del curso en unas condiciones mínimamente dignas. Yo empiezo a salir a correr casi a diario: al principio unos pocos kilómetros y en llano, para acabar haciendo carreras por las montañas cercanas del camping donde estoy con mis enanos de hasta 14 kilómetros.
Por su parte, Estefi empieza a hacer caminatas cada vez más largas y rápidas. Tengo que reconocer que, cuando se pone, es una auténtica máquina caminando. Además, se plantea una rutina diaria de ejercicios para ganar fuerza.
Y así llegamos a la semana previa al curso, donde decidimos que cinco días antes del comienzo todavía era un buen momento para hacer un último entrenamiento intensivo. Porque, evidentemente, ¿qué podría salir mal?
El lunes nos vamos al rocódromo y, pese al calor, nos marcamos más de dos horas de escalada.
El martes toca gimnasio. Nos machacamos especialmente con los abdominales y terminamos la jornada enfrentándonos a una de nuestras máquinas más odiadas: una especie de escalera mecánica como las de los centros comerciales, pero puesta a toda castaña. Después de media hora nos deja con las canillas temblando. La máquina es un auténtico asco, pero hay que reconocer que te pone como un toro para subir montañas.
El miércoles nos vamos a Jaulín para recordar algunas maniobras: uso del Reverso, aseguramientos, rescates… y aprovechamos también para practicar un rápel con las botas semirrígidas que, en principio, eran las que deberíamos llevar al curso. Finalmente, durante el curso prácticamente nadie las utiliza.

El jueves teníamos previsto salir a caminar por el Castillo de Valdespartera y trabajar un poco con las botas para hacernos a ellas. Pero surge un pequeño inconveniente: al salir del trabajo no me queda otra opción que pillarme un pedo como un campano ya que han despedido a un compi. Estefi, mucho más responsable, se va por su cuenta a caminar con las botas.
El viernes, con una considerable resaca, preparamos las mochilas y nos pasamos por Barrabés para comprar los últimos materiales que nos faltaban.
Y con esto termina la precrónica.
A partir de aquí, sorprendentemente, todo va muchísimo mejor de lo que nuestros miedos y dudas nos habían hecho imaginar.
El sábado quedamos a las 7:00 de la mañana la mayoría, en el Hotel Norte de Villanueva de Gállego. Allí nos repartimos en coches y ponemos rumbo a la zona de escalada de Escarrilla, donde nos reunimos con los compañeros que faltaban.
Después de las presentaciones, una charla y una explicación muy instructiva e interesante por parte de los monitores, Pepe, Víctor y Elena. Llega el momento de pasar a la práctica y empezar a poner en marcha todo lo explicado.
Las temperaturas son bastante elevadas y el calor empieza a apretar de lo lindo, así que después de comer los monitores toman una decisión bastante sensata: o cambiamos de sitio o acabamos deshidratados y muertos de calor.
Nos trasladamos a la zona del Portalet, donde las temperaturas son mucho más agradables. Allí continuamos con las prácticas y hacemos, entre otras cosas, simulaciones de ensamble a tres, rápeles y diferentes maniobras. También tenemos la oportunidad de probar algunos de los «juguetes» que utilizaremos durante la progresión, como los “friends” y los “fisureros”.
La jornada resulta muy interesante y aprovechamos para aprender, practicar y resolver un montón de dudas que teníamos antes de empezar.


Al terminar nos dirigimos a Piedrafita, donde nos tomamos algo, comentamos la jornada y, después, toca cenar y dormir.
Bueno… dormir para algunos.
Otros consideran que todavía es demasiado pronto para irse a la cama y deciden quedarse un rato más arreglando el mundo con el señor del albergue. Lamentablemente, y pese a sus esfuerzos, el mundo quedó prácticamente igual que estaba. 😂

Domingo: ¡¡Llega el gran día!!
Y ahora sí. Llega el momento que estábamos esperando: poner en práctica todo lo aprendido en la cresta Garmet.
Con un ambiente muy bueno, muchas bromas y risas, pero sin olvidar en ningún momento la importancia de hacer correctamente las maniobras aprendidas, nos acercamos al comienzo de la cresta.
El recorrido comienza con un tramo de escalada clásica y, posteriormente, continuamos por la cresta progresando en ensamble formando grupos de tres.
Poco a poco vamos avanzando, aplicando las técnicas que habíamos practicado el día anterior y comprobando que todo aquello que sobre el papel parecía bastante complicado empieza a tener sentido cuando lo llevas a la práctica.
Finalmente conseguimos completar la cresta todos juntos/as y llegamos al final con una mezcla de satisfacción, cansancio y, sobre todo, muchas ganas de seguir practicando.
Descendemos por la pedriza y, como manda la tradición, toca celebrar que hemos terminado la formación y que seguimos todos/as enteros. Nos vamos a Escarrilla a tomar unas cervezas y comentar la jugada.
Formación terminada… pero esto no ha hecho más que empezar.
Y así termina nuestro curso de progresión en crestas.
Lo que empezó semanas antes con dudas sobre nuestra forma física, el material y si estaríamos preparados, terminó convirtiéndose en un fin de semana fantástico, rodeados de gente con muy buen ambiente y, sobre todo, con la sensación de haber aprendido muchísimo.
Queremos agradecer a Pepe, Víctor y Elena la formación, la paciencia y la manera de enseñarnos todas estas técnicas, haciendo que algo que al principio imponía bastante terminara siendo una experiencia de la que nos llevamos muchas ganas de seguir aprendiendo.
Ahora toca lo más importante: practicar, practicar y practicar todo lo aprendido.
Y, por supuesto, esperar al próximo curso.

¡Formación terminada y fin de semana superado!

Texto:

Estefanía Zorrilla y Héctor Ruiz

Fotos:

Sección Alta Montaña, Club de Montaña Pirineos