CRÓNICA CURSO MONTAÑISMO INVERNAL

De este modo se desarrolló el curso de iniciación al montañismo invernal del Club Pirineos del año 2026

El sábado 17 de enero, a las tres y media de la tarde, apenas un puñado de coches permanecían en el aparcamiento del Portalet bajo uno o dos palmos de nieve… y sí, ahí estábamos nosotros pala en mano, intentando abrir camino hacia la carretera.

Todo había empezado el martes previo, en la reunión de presentación del curso de iniciación al montañismo invernal del Club Pirineos. En el local de las Delicias conocimos a los monitores y nos pusimos cara entre nosotros, aunque muchos y muchas ya nos conocíamos de otras secciones del club: ferratas, senderismo… Alberto y Sergio nos repartieron los dossieres y desplegaron sobre una mesa todo un catálogo de ropa invernal y material técnico: desde pantalones impermeables y cortavientos, hasta crampones, cascos, piolets… y el tan famoso kit de DVA, pala y sonda, prácticamente imposible de encontrar para alquilar en Zaragoza. El resto de la tarde la dedicamos a resolver dudas, sobre todo sobre tipos de botas y de mochilas, y quedamos para salir hacia el valle de Tena el sábado a las 7 de la mañana.

Así que, para comenzar bien el fin de semana, madrugón, reparto por coches, y directamente a desayunar a Escarrilla. Allí pudimos ver ya lo que nos esperaba para todo el día: muchísima nieve y nada de visibilidad. Entre risas y bromas sobre la meteo (y doble guante, membrana impermeable y funda para las mochilas mediante) nos pusimos en marcha con las raquetas de nieve. Jesús nos enseñó a hacer el test de comprobación de los DVA y avanzamos hasta una ladera con la suficiente inclinación como para ir practicando subidas, bajadas y avance en la pendiente. Buena parte de la mañana la pasamos andando en círculos, primero con raquetas, luego probando a pisar directamente con la bota, y por último con crampones. ¡Qué diferencia y qué seguridad esto último!

Después vino el turno de aprender a usar el piolet: los usos que tiene, la forma correcta de agarrarlo, y cómo ayudarnos con él en terrenos inclinados. Desde nuestro “campamento base” salimos en excursión para poner en práctica lo aprendido, todo el rato sin parar de nevar: cuando volvimos, las raquetas estaban ya medio enterradas por la nieve. Y por último, tras una pequeña pausa para comer algo quien quiso, tocó practicar las autodetenciones. Más de uno lo pasó regular por no llevar bien metida la térmica dentro del pantalón, pero la tranquilidad de estar en un terreno controlado y de saber que la caída era corta nos permitió reírnos y disfrutar tirándonos incluso bocabajo, logrando en casi todos los casos frenarnos a tiempo con el piolet y evitar el riesgo que en una actividad real supondría la caída.

Pasadas las tres de la tarde, con mucho frío y casi todo el mundo con parte de la ropa mojada tras haber hecho la croqueta un montón de veces ladera abajo y piolet en mano (es decir, con muchísimas ganas de una ducha caliente y de una cerveza), recogimos todo el material y volvimos a los coches. Y aquí empieza la parte no programada del curso: prácticas de montaña invernal… conduciendo. Por suerte, no hubo que lamentar nada más que un embrague quemado y una cadena soltada, y gracias a la colaboración de todo el grupo y especialmente a los monitores, que hicieron viajes para recoger a quienes se habían quedado tirados, esa noche todo el mundo pudo llegar al refugio.

Texto: Julia Cámara

El domingo, a eso de las 07:30, los más madrugadores ya se movían por los pasillos del refugio. La noche nos había dejado unos cuantos centímetros extra de nieve y una buena dosis de ronquidos por habitación. Con la ropa y el equipo (casi)secos y tras un frugal desayuno salimos preparados para la segunda jornada del curso.

Tras las aventuras de ayer el tiempo decidió darnos una buena tregua y dejó que pudiésemos centrar toda nuestra atención en la lección que tocaba. Ere el momento de aprender algo de vital importancia, imprescindible para poder adentrarnos en las prácticas de montaña invernal de forma segura y que todos esperamos no tener que necesitar jamás: Qué hacer en caso de que un alud sepulte a alguien.

Nos dividimos en grupos y nos fuimos con las palas preparadas para desenterrar a quien hiciese falta. Aprendimos que, aunque la teoría es sencilla, es necesario estar en el terreno y entender cómo se comportan la nieve, los equipos y los cuerpos para poder interiorizar correctamente los pasos necesarios para rescatar a alguien en una situación tan límite.

Me gustaría en este momento para aprovechar este espacio para decir, y creo que hablo en nombre del resto de compañeros que compartimos este fin de semana de montaña y aprendizaje, que no podemos si no agradecer de todo corazón al club y a los excelentes monitores que nos acompañaron la valiosísima formación que nos brindaron. Gracias por hacer de la montaña un lugar más accesible y seguro para todos.

Con el sol asomando entre las nubes y tras haber hecho prácticas de lo aprendido, ya solo faltaba buscar un lugar donde dieran de comer a unos hambrientos montañistas, para poder así reponer fuerzas, repasar lo aprendido y disfrutar del hermanamiento.

Una semana más tarde, con alguna baja y una que otra incorporación al grupo, tocaba la salida para poner en práctica todo lo que nos habían enseñado. El mal tiempo y el buen criterio de los monitores hizo que cambiásemos de planes y cambiásemos de objetivo. En vez de al pirineo, nos dirigimos al Sistema Hibérico, en concreto al Moncayo.

A pesar de que el tiempo fue mucho más apacible que el que habíamos sufrido el sábado anterior, las condiciones de la nieve hacían que el ascenso, a partir de cierta altura fuese peligroso.

Avanzamos por el bosque, disfrutando del recorrido, el hermoso paisaje y la buena compañía. Al salir entre los árboles y alcanzar la base del “Cucharón” pudimos comprobar el fuerte viento que, sin sorpresas, soplaba. En ese momento, valorando el estado del manto, las fuertes rachas y el tamaño e inexperiencia del grupo, los monitores nos obsequiaron con una de las más importantes enseñanzas que deben interiorizarse en la montaña y aplicar cuando existan riesgo y/o duda: “Darse la vuelta”. La montaña va a estar ahí para siempre.

Y, por si a alguien le hacía falta una prueba de que es la decisión correcta, cuando ya estábamos en los coches camino de vuelta, nos enteramos de que un alud había afectado a 3 montañistas. Afortunadamente no hubo que lamentar la pérdida de vidas, y el incidente se saldó con solo una persona herida y prontamente auxiliada por los servicios de rescate.

Texto: Juan José López

Fotos: Sección Alta Montaña

Club de Montaña Pirineos de Zaragoza