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Crónica de la promocional a Cotiella

Partimos el sábado 12 de abril nueve aguerridos montañeros, tres increíbles monitores y otro más "en prácticas" al que todos coincidimos en otorgarle la mejor de las notas, a una hora que podríamos denominar como indecente pero que nos permitió una mañana de asueto a fin de prepararnos mentalmente para esos 1900 m de desnivel anunciados y que a más de uno casi atemorizaban.

Placido viaje, divisando entre las nubes el pico Cotiella que despuntaba tras la Peña Montañesa en un atardecer casi de ensueño.  Cómodo y acogedor albergue en Saravillo, "batallitas" y risas en torno a unos buenos quintos de cerveza, visualización del plano sobre el que más de uno contaba mentalmente los kilómetros del recorrido a seguir, preparación de Arvas, sondas y adjudicación de palas y demás material para los aparentemente más fuertes. Una crema de verduras y un rancho después motivaron que los más responsables se retiraran a sus aposentos y los más animados continuaran hasta horas no confesadas.

Consabido madrugón, no para todos pues algún despertador falló, y recorrido nocturno por la pista que afortunadamente se podía realizar en coche hasta el refugio de Sta. Isabel (1.542 m), donde cargamos nuestras mochilas de crampones, raquetas, cascos, ropa de abrigo y camisetas de manga corta para iniciar con buen ánimo la ascensión que, entre bosque, nos llevó a la primera panorámica del valle con las primeras luces del día.




Los primeros 700 m de desnivel se subieron fácil, y a unos 2200 m de altitud tuvimos ya que aprovisionarnos de crampones y continuar la ascensión en ordenada fila hacia la Ereta de las Brujas, con Cotiella como testigo de excepción de nuestro avance. Preciosas imágenes de cielo azul, blanco manto nivoso y crestas recortadas en el horizonte.




En la Ereta constantes vaguadas minan la moral a algunos de los miembros de la expedición, pues al menos hora y media caminamos a la misma altitud, 2300 m, sabiendo que el resto del desnivel lo íbamos a tener que pechar en una única cuesta. Cambio de crampones por raquetas y parada antes de acometer la última subida, sustituyendo la raquetas de nuevo por crampones y quedándose ellas (algún montañero hubiera deseado que también su mochila) como Señoritas de Arás de mitad de la nieve.










Fue necesario un gran esfuerzo para poder alcanzar las zonas de piedras que se situaban a escasos metros de la cima, reagrupando los monitores con buen criterio a todos nosotros para poder recorrer los últimos metros todos juntos entre bromas, risas y mucho orgullo de haber alcanzado cima, y entre abrazos nos maravillamos de las vistas de primer orden que desde la atalaya Cotiella (2912 m) se disfrutan. Macizos de Monte Perdido, Munia, Posets, Perdiguero, Maladeta... 360 grados de belleza.


Un cómodo y rápido descenso nos permite alcanzar el lugar de posición de nuestras raquetas, que nos han vigilado en todo momento durante la ascensión, y comemos relajadamente al sol antes de continuar la aventura. La decisión de los monitores es probar el descenso por el Gradiello, y así retornar por lugar distinto que aún no sabemos qué nos deparará.


Increíble trabajo de los monitores abriendo huella y dibujando zetas de fuerte pendiente bajo el apercibimiento de que si alguno nos resbalábamos teníamos que practicar la autodetención.  Deduzco que a más de uno se nos pasó por la cabeza el "¿sabré hacerlo?", pero no hubo caso para el caso y continuamos en un constante trasiego de cambio de raquetas por crampones, quita-crampones-y-llévalos-en-mano, ahora-apoyate-en-el-piolet, mejor-saca-los-bastones, por neveros y piedra descompuesta en un paso horizontal que a alguno le pareció el más largo de su vida.



La "Felixada" no fue completa pues no llegamos de noche, pero la sensación de todos fue de alegría y orgullo por esta Promocional de Alta Montaña, haber pasado una jornada inmejorable de más de 12 horas de actividad y unos 1.500 metros de desnivel, aunque nadie quiso confesar cuál era el desnivel real acumulado.

Y sé que hablo por todos agradeciendo a nuestros monitores su buen hacer, su constante buen humor y ánimo, y sus conocimientos, que siempre nos hacen aprender y querer continuar en el camino junto a ellos.  Y a todo el grupo en general por el compañerismo, las ganas de pasarlo bien y hacer que los demás también se entusiasmen con la actividad y la compañía.



Laura Brun.


Fotos: Alberto Lasala y Félix Escobar

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