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Mont Blanc con esquís

Hacia varios años que nos habíamos planteado este proyecto y estábamos en un buen momento para intentarlo. Cuatro jinetes con sus estilizados caballos de moderno plástico y metal salieron hacia los Alpes en busca del punto culminante de la cordillera, el Mont Blanc 4.808.

La ruta francesa parte de Chamonix, se adentra en el glaciar de Bossons para alcanzar el refugio de Grands Mulets (3.050) donde se pasa la noche. Había caído una importante nevada la noche anterior y la huella que nos puede llevar por los glaciares se encuentra desdibujada y apenas de adivina.

El recorrido hacia el refugio se nos presenta espectacular y peligroso. Recorremos la montaña sobre colgadas travesías sobre el valle, expuestas a la caída de avalanchas de nieve provenientes de la Aiguille du Midi; cruzamos grietas y seracs que nos salen al paso por la retorcida huella que atraviesa la unión de los glaciares que bajan de las grandes cumbres el macizo. Desde el primer momento nos recibe una espesa niebla que nos priva de la vista de la montaña y deja una tenue luz para este tétrico y grandioso decorado. Subimos muy despacio, reservándonos para el día siguiente. Los 1.800 metros de desnivel del ataque a la cima van a ser muy exigentes. Afortunadamente, tenemos una buena predicción meteorológica y desde el refugio nuestros pensamientos se centran en la cima de mañana.

Salimos, con tranquilidad, a las 3 de la madrugada; en total oscuridad. Confiamos en que los que abren huella no equivoquen el itinerario, pero estamos alerta estudiando el recorrido de la ascensión en esta fría y serena noche. Hay más de medio metro de nieve polvo, gran pendiente, grietas tapadas a modo de trampas y unos seracs gigantes colgados sobre nuestras cabezas que se despeñan desde el Dôme du Goûter. La oscuridad de la noche aún nos envuelve cuando tenemos que descalzarnos los esquís y con el piolet superar una grieta que corta la traza. Pasamos rápidos para superar estas dificultades y llegar al Petit Plateau donde nos encontramos más seguros pero también a más altura. Con la clara luz del amanecer, el frío y la nieve recién caída tenemos un panorama de leyenda y mientras seguimos ascendiendo se suceden los grandes espacios de esta montaña, Grand Plateau, Col du Dôme y refugio vivac Vallot (4.362 m).

De repente la sensación de frío es tremenda, dentro del refugio tratamos de calentar las manos y los pies. Nos ponemos toda la ropa que llevamos para ascender a pie los últimos 500 metros.

La subida se hace interminable, los grampones apenas clavan en el hielo, el efecto de la altura nos vuelve más lentos. Finalmente adivinamos la afilada arista cimera, ¡Cumbre! Alegría general y las vistas... impresionantes.

De vuelta en el refugio Vallot nos calzamos las tablas y descendemos flotando sobre el corazón helado del enorme glaciar, sobrevolando el verde tapiz del valle y tocando los pies de estas gigantes montañas que han sido generosas con nosotros...

 Los cuatro jinetes:

  • Carlos Budría (Teruel)
  • Carlos Heraez (Alcañiz)
  • Eduardo Roche (La Puebla de Alfinden)
  • Julio Benedé (Zaragoza)

Autor: Julio Benedé

Asociado a

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