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Salida promocional Bachimaña 2001

La previsión metereológica no era buena. Sin embargo la tarde anterior habíamos decido mantener la actividad, aunque no fuese como salida promocional del Club. Pero atención al detalle: ninguno de los inicialmente inscritos decidió perderse este desafio al parte del tiempo.

El sábado comenzó de buena mañana, y tras acudir al punto de encuentro en el bar "Mi Casa" llegamos en bloque al Balneario de Panticosa. A pie de la Casa de Piedra y tras superar el control de pesaje de mochilas, en el que algunos perdimos preciadas pertenencias, nos pusimos los esquís a la espalda y despidiéndonos de Segis dió comienzo la subida.

Nuestro objetivo era ascender al Ibón inferior de Bachimaña para hacer noche en el refugio nuevo. Al día siguiente nos dirigiríamos hacía la zona de Brazatos haciendo un recorrido para regresar finalmente al Balneario donde acabaría la salida.

La nieve escaseaba bastante por lo que nos vimos obligados a portear hasta la Cuesta del Fraile donde ya pudimos calzarnos los esquís y empezar a foquear. En poco tiempo alcanzamos el Ibón inferior donde nos dimos cuenta de la cantidad de nieve que todavía estaba acumulada pese a la carencia absoluta en cotas poco más bajas.

Prueba de ello fué la tarea a que se encomendaron los primeros en llegar. La nieve alcanzaba el nivel del techo del refugio. Pese a que otros montañeros habían excavado para abrir la puerta a nosotros nos tocó continuar la tarea para poder hacer lo mismo con la ventana y así hacerlo algo más habitable. Era mediodía y todavía nos quedaban muchas horas para estar allí dentro. La verdad es que nunca imaginas lo que las cosas pueden llegar a durar !!

A medida que iba llegando el resto del grupo organizamos el espacio interior, bastante reducido si tenemos en cuenta que eramos quince personas. Las dos habitaciones y una cocina parecían más que suficientes para pernoctar una noche y salir corriendo.

También descubrimos que la salida del ibón no se encontraba helada por lo que disponíamos de agua en abundancia.

Al comienzo de la tarde las cosas empezaron a cambiar. El cielo que se había mantenido cubierto comenzó a cerrarse densamente y no tardó en empezar a caer la nieve. Primero fueron tímidos copos pero luego tomó el aspecto de una nevada en toda regla. El viento que iba soplando cada vez con más fuerza hacía que el mejor sitio para pasar el tiempo fuese nuestro pequeño refugio.

El ánimo no decaía y aprovechamos para hacer una pequeña excursión al ibón y comprobar los seracs que se forman al vaciarse el agua y agrietarse la gruesa capa de hielo y nieve.

Con buen humor, aunque pocas perspectivas de hacer gran cosa al día siguiente, hicimos la cena y tras una corta velada nos preparamos para dormir. ¡Al la mañana siguiente ya veríamos!

Y tanto que lo vimos. Los sonidos que llegaban hasta el interior del refugio confirmaban que la tormenta no sólo no había amainado sino que se había ido embraveciendo por la noche.

El primero que tuvo la "necesidad" de salir volvió a hacer uso de un trozo de policarbonato que utilizabamos a modo de pala para abrise paso hasta el exterior. El informe que trajo a la vuelta hizo que el grupo decidiese seguir un rato más en el saco.

A las 9 de la mañana todo el mundo estaba en pie. Ya se sabe lo que manda el estómago. El intenso viento, la casi nula visibilidad y los 40 cm. de nieve caidos durante la noche aconsejaban tomar un tiempo de espera. Así que, ya que teníamos todo el día por delante, decidirmos esperar hasta el mediodía antes de tomar una opción. Ya se sabe que en estos casos sólo hay dos válidas: bajar o quedarse.

Las salidas que fuimos haciendo del refugio a lo largo de la mañana demostraron que no era viable salir. El problema era triple. Por una lado estaba la nieve caida. El único regreso posible era por la Cuesta del Fraile y es conocido de todo el mundo que constituye un cebo para los aludes. Al subir habíamos podido comprobar como un reciente alud de polvo amputó limpiamente un bosquecillo de pinos en un lado de la cuesta. Por otro lado estaba la falta de visibilidad, que con un numeroso grupo podría ser una seria complicación. Y por último el viento. Su velocidad, no por debajo de los 100 km./hora, te llegaba a abatir si no estabas firmemente estabilizado. Era impensable bajar en esas condiciones.

Así que decidimos colectivamente quedarnos a pasar una segunda noche. Desde el viejo refugio en el que se encuentra una emisora para llamadas de socorro nos pusimos en comunicación con la Casa de Piedra. Informamos a Segis, el guarda, de la situación y le pedimos que diese aviso al Club para evitar crear alarma. Un teléfono móvil, al comprobar que tenía cobertura desde un promontorio, nos ayudo a completar la tarea.

La segunda noche fué algo distinta.

El ambiente era bueno. Pese a como estaban las cosas seguían las risas y las bromas aunque de vez en cuando alguien se ponía un poco serio al pensar en nuestra situación.

Lo peor fueronlas provisiones. Aunque eran suficientes para esa noche se agotarían definitivamente en el desayuno de la mañana siguiente y ello incluye también el gas. Ignacio organizó la requisa de víveres amenazando con severos castigos a quien ocultase cualquier elemento comestible. Ya sabéis como es para estas cosas.

La reina de la cena fué el sopinstant, ya que otros productos más consistentes habían pasado a mejor vida a la hora de la comida. Para la mañana siguiente nos quedaba sólo una barrita energética por persona y una bolsita de infusión.

En previsión de que las condiciones para el descenso no fuesen a mejorar decidimos organizar una partida de "rescate". Así que movilizamos el Club para constituir a todoa prisa una equipo de montañeros altamente expertos en condiciones de montaña invernal y esquí de travesía y que además pudiesen faltar un lunes al trabajo.

Se acordó salir de forma más o menos simultanea, el equipo de rescate y nuestro grupo, para que pudiesemos tener huella y apoyo si fuese necesario al final de la cuesta del fraile.

Después de una noche más o menos tranquila amenecimos con un cielo menos cubierto y, lo más importante, teniamos visibilidad y había amainado el viento. Así que alrededor de las nueve nos pusimos en marcha e iniciamos la aproximación a la temida cuesta. Realizamos el descenso siguiendo el protocolo de seguridad para zonas con riesgo de aludes. Resultó bastante penoso ya que una horrible costra producida por el viento cubría una gruesa capa de nieve polvo-humeda. Se bajó como se pudo ya que a excepción de los más expertos el resto utilizamos la técnica de giro y al suelo, la del derrapaje a trompicones al romperse la costra y otras de similar escuela.

Ahora entendeis por qué no hay fotos de ese memorable descenso. Al final de la cuesta tomamos el camino para abandonar al poco tiempo los esquís por la falta de nieve esquiable. La nieve que había arrastrado el viento y que pensabamos que se habría acumulado en esa zona, debía de haber seguido valle abajo.

Continuamos sin problemas el descenso hasta encontrarnos al poco tiempo con el equipo de rescate. Allí estaban Toya, Luis, Guti, Fernando, Champi y Manolo cargados de todo tipo de bebidas y delicias comestibles. Además de abundante té caliente trajeron por si las moscas vino y cerveza. Nunca se sabe cual puede ser el mejor reconstituyente. Después de reponer fuerzas seguimos en dirección al Balneario donde nos esperaba nuestro "Presi" para asegurarse de que llegábamos sanos y salvos.

Después de una comida de hermandad a las puertas del refugio bajo un increible sol primaveral, volvimos a Zaragoza, sólo que un día más tarde de lo previsto.

Sirva esta crónica como muestra de agradecimiento a la respuesta generosa e inmediata que nos ofreció todo el equipo de rescate. Aunque estas situaciones no son nunca deseables, hay que reconocer que te llenan de orgullo al comprobar la fuerza de los vínculos de la montaña y la amistad.

 

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